viernes, noviembre 04, 2005

CRÓNICAS MICHOLAS VII

*** beretta 9mm III

Cotardo y un servidor esperábamos temerosos el regreso del extraño hombre -ahora armado-, mientras repasábamos lo sucedido con lamentos. Un poco después regresó el maniático ese con el rostro desencajado, inmerso en un éxtasis que sólo podía provocar el portar un arma como la que traía: “beretta 9mm, casquillo de cobre, repetición de…”. Y no se cuanta mamada más decía al momento de cortar cartucho y voltear hacia tooodos lados –junto con el cañón de la pistola, claro-, a lo que el can y yo respondíamos con movimientos como de break dance y expresiones como de alguien que probó algo asqueroso (ojos cerrados, nariz fruncida, boca retorcida, etc.). –Cálmense cálmense- nos reprendió el ser, -¿pus qué creen que no se usar esta madre o qué?- agregó, para seguir contando como había estado -quien sabe cuantos putos años- en la judicial, o en el ejército o en la marina o SABER en donde chingados nos dijo. Ya después de un rato prosiguió con la cambiada de las llantas y nos dimos cuenta de un bonito detalle: traían birlos de seguridad. –Oye Cotardo, ¿traes la madre esa para quitar los birlos de seguridad?- pregunté, -no se güey- contestó el mini can mientras se rascaba la cabeza y miraba al suelo, -¡pues búscalo cabrón!- exclamé. Con la agilidad de un caracol panteonero, el perrito se dispuso a buscar entre la flora y fauna que habitaba su automóvil –los que lo conocían saben a que me refiero- tan sólo para descubrir que no tenía ni puta idea del lugar en donde se podría encontrar esa madre que SABER como se llama, pero “afortunadamente” contábamos con Rambo región IV pá que nos salvara. –Ahorita vemos como le hacemos niñas, no lloren- dijo Rambo, -¡ahuevo!, el loco éste parece que sí va a servir para algo- pensamos el perro y yo, -¿qué tranza la banda?- preguntó sorpresivamente el pequeño Ricardito, al cual ya habíamos olvidado por completo, y que reapareció para dos cosas: para nada y para lo mismo.

Ahora éramos tres –además de Rambo-, los que estábamos parados afuera del coche, cuando de pronto nuestro “héroe” dio media vuelta, se guardó la beretta 9mm, casquillo de cobre y no se que chingados más, en el pantalón –hubiera estado poca madre que se disparara en un huevo- y se dispuso a caminar de regreso a la vulcata. A medio camino volteó y nos dijo: “tráiganselo pá cá”. Allá iba Cotardo, al volante de un auto con dos llantas ponchadas, hacia un lugar más cercano de la guarida de Rambo, específicamente: enfrente. Mientras el pequeño Ricardito Antonio y yo lo seguíamos con paso inseguro y temeroso. Cuando llegamos al lugar, salió otra persona del negocio…

-¿Kiubo jóvenes?, ¿que traen birlos de seguridad y salieron sin el… “SABER kú”?- preguntó el hombre, para después ponerse a revisar las llantas, intentar mil y un trucos y finalmente resignarse a decirnos que si queríamos nos prestaba el teléfono, para llamar a alguien a que fuera por nosotros. En eso, nuestro “héroe” Rambo salió inmediatamente de las profundidades del local y con pose del Chapulín Colorado se dirigió al hombre –yo sí puedo componerla, dame diez minutos- exclamó con decisión.

Los siguientes diez minutos fueron cruciales, la preocupación en nuestro rostro era evidente, una gota de sudor recorría la frente de Rambo mientras concentrado manipulaba hábilmente sus herramientas para salvarnos de perder un día de vacaciones, y cuando terminó el tiempo…

-¡Ya Lucrecio!, ya no se pudo, qué le hablen a una grúa y que los lleven a su casa- reprendió el segundo hombre al Rambo de cuarta, acto seguido el desenmascarado Lucrecio agachó la cabeza y se metió al taller. –¿Sí tienen seguro verdad?- nos preguntó el brusco hombre, -sí- respondimos. Luego vio las rústicas herramientas que el “guerrillero” del asfalto estaba empleando (creo que era un extinguidor o algo parecido y unos fierros ahí medio raros), rió, recogió las cosas, dio media vuelta y se metió a la vulcanizadora cerrando la puerta tras él…

Así nomás con cara de pendejos nos quedamos el perrito, Ricardito y yo -¿kú?, ¿no qué nos iba a prestar el teléfono?- alguien preguntó, -SABER- respondió otro. Total que después de un rato decidimos llamar a la grúa de un teléfono público o un celular o algo así, esta llegó como dos horas después, nos trepamos y nos juimos de retache pa casa de Cotardo a buscar las madres esas para quitar los birlos de seguridad.

Bueno… ya resumiendo, logramos cambiar y reparar las llantas a altas horas de la noche y como buenos necios que somos nos fuimos en ese preciso instante a la playita… el resto… en el próximo post…

Ah! Se me olvidó contarles como nos encerró en el baño el Rambo ese y otras cosas, pero de eso si neta ya casi no me acuerdo… chale…

Nota: los datos mencionados en este relato pueden variar en exactitud debido a mi cada vez más más más más más más más corta capacidad de retener durante mucho tiempo en la memoria –cubierta por la nube del alcohol- acontecimientos importantes, y esto sí pasó hace un buen, pero si quieren completar datos le pueden preguntar a Cotardo… ja!

lunes, octubre 24, 2005

CRÒNICAS MICHOLAS VI

*** beretta 9mm II

En una mañana seca, contaminada como de costumbre y con la mala suerte flotando en el aire, el púber can y yo nos encaminábamos a lo que parecía ser nuestra única esperanza para continuar el viaje que tanto nos había ilusionado : una vulcanizadora.

Al llegar ahí la puerta estaba cerrada –creo… bueno ¿eso que importa?-, llamamos haciendo resonar la aldaba y fue entonces cuando nos percatamos de que el pestillo no estaba puesto, así que decidimos abrir y entrar. –¿Quién vive?- preguntamos. La respuesta fue negativa, y cuando girábamos en pos de una nueva opción, una mano tocó el hombro de Cotardo haciéndolo cambiar de color y provocando la caída de su abundante cabellera (la verdad es que Cotardo antes era negro y traía una mata como de Globe Trotter, pero fue en ese momento cuando la perdió). –Es que estaba guardando al perro- se escuchó una perturbante voz proveniente de un extraño ser desaliñado, oloroso –hasta el perrito se tapó la nariz-, con grumos de baba alrededor de los labios, barba de tres días y un overol azul. –No vuelvan a entrar así o a la otra les arranca un brazo- continuó el bodrio, -es un perro bien cabrón, caza toros-, -¡Ah chingá!, ¿Cómo de qué caza toros?- preguntó perrito, -sí, está bien cabrón (como Juan Pestañas***)-, respondió el ser. El perrito como de costumbre no midió las consecuencias de sus actos y siguió pregunte y pregunte, así que aquel ser de apariencia nauseabunda y coja -¿Ya les mencioné que estaba cojo?- respondía con una euforia cada vez más inquietante, por que de alguna u otra manera aclaró que su perro bien cabrón no cazaba toros en realidad, si no que podría hacerlo con facilidad –según él- y lo hará algún día… mmm… pus va. Después de una serie de preguntas de cuyo contenido no quiero acordarme, el chango este nos preguntó por fin qué chingados queríamos, le explicamos lo de las llantas, salió unos pasos del local, se asomó, vislumbró el vehículo y regresó inmediatamente a nuestro lado, -no me tardo-, dijo, y nosotros no tuvimos tiempo ni de asentir con la cabeza cuando de pronto regresó con toda su herramienta de trabajo (gato, llave de cruz –hijos de puta!!!***- y creo que unas pinzas o algo así), nos encaminamos hacia el auto y ahí se dio cuenta de que no estábamos solos e inmediatamente después llamó su atención la bisexual Magnolia (no por que le gusten hombres y mujeres), que al momento se dispuso a abandonar la unidad –hijos de puta!!!-, pero fue detenida por un alarmante aviso –¡No!, que no se baje, este lugar es muuuy peligroso- terminó diciendo con un tono de voz cada vez más bajo, -pero y… ¿no le estorban allá adentro?- respondimos para luego atestiguar una de las miradas más hostiles que puede tener un vulcanizador, -¡ese es mi pedo!, este es mi trabajo, así que déjenme hacerlo y no tendremos problemas ¿ok?- gruñó, -ok- respondimos. Unos segundos después se levantó de su lugar de trabajo y nos miró –ahorita vengo, voy por la pistola- dijo, dio la media vuelta y se dirigió hacia el local de la vulcanizadota, Cotardo y yo nos miramos con los ojos muy abiertos y sólo pudimos emitir una expresión: ¡Verga!

(continuará… “beretta 9mm III”)

Nota: los datos mencionados en este relato pueden variar en exactitud debido a mi cada vez más más más más más más corta capacidad de retener durante mucho tiempo en la memoria –cubierta por la nube del alcohol- acontecimientos importantes, y esto sí pasó hace un buen, pero si quieren completar datos le pueden preguntar a Cotardo… ja!

miércoles, octubre 19, 2005

CRÓNICAS MICHOLAS V

*** beretta 9mm

Ya mis desesperados lectores, se encuentra aquí la continuación de esa historia tan bonita de tres jóvenes necios en Chiapas…

Pues no se si recuerdan que en un relato previo mencioné un pequeño inconveniente con unos policías federales –hijos de puta!!!- (ver Crónicas Micholas I). Es por eso que he decidido hacer una breve pausa en los relatos chiapanecos para contar aquella trágica historia en que me privaron de lo único que hace de Adolfo Ángel un niño feliz… (y no hablo de mi cámara)

Estábamos un día hasta el huevo cuando…

-oye Cotardo, ¿Por qué no nos vamos a la playa mano?, ninguno de los demás quiere ir, pero pus que chinguen a su madre y vámonos nosotros ¿Va?- “razoné” con el perrito. –Sí, chingue su madre- ladró.

Como la mayoría de las cosas en mi vida, no recuerdo bien como estuvo el pedo para irnos a la playa, pero iban a ser dos semanas completitas de foreverés absoluta, mis vacaciones de un jalón y sólo tres mil varos en la bolsa (y sin saber hacer pulseritas), ahuevo!!!.

Decidimos salir un día muy temprano para llegar hasta Oaxaca, quedarnos en casa de mis papás y al día siguiente, otra vez muy temprano, salir a San José del Pacífico para contemplar el paisaje, la neblina y disfrutar de las cómodas cabañas que ofrecen –entre otras cosas- una gran variedad de los hongos más poderosos del mundo. Ahora recuerdo que nos acompañaba el pequeño Ricardito Antonio y una amiga suya de nombre Magnolia (como las de acero), que por cierto, cada vez que se ponía traje de baño parecía que tenía nalgas atrás y adelante (usen su imaginación… es bastante peculiar y desagradable). Total que salimos los cuatro de la Ciudad de la Esperanza rumbo a la aventura en el ahora fallecido perrito móvil, caído durante nuestra estancia en Chiapas en un arranque de “audacia” por parte de su dueño –pero esa historia no es mía, así que no la voy a contar-, y cuando nos encontrábamos por el metro Guelatáo –creo, ya ven que se me va el pedo, pero ese nombre es un poco irónico-, caímos en un gran hoyo en medio del camino, que además estaba lleno de clavos, y no fue una, si no dos llantas las que valieron verga… no mamen!, ni siquiera habíamos salido de la ciudad y ya había valido madre, fue el primer aviso, pero ya ven que eso de no hacerle caso a la necedaT pues como que no se nos da, pero bueno, ya después de mentar madres contra todo lo que podíamos, nos dimos cuenta de que el rumbo estaba lleno de vulcanizadoras, entonces empezamos a mentar madres contra ellos por que seguramente habían sido quienes llenaron de clavos el hoyo ese en el que caímos, pero no teníamos más remedio que acudir a una de ellas, así que apostamos como guardianes al pequeño Ricardito y a Magnolia doble nalga en el auto, y perrito y yo nos encaminamos a la que se encontraba más cercana, sin saber en realidad lo que ahí nos esperaba…

(continuará… “beretta 9mm II”)

Nota: los datos mencionados en este relato pueden variar en exactitud debido a mi cada vez más más más más más corta capacidad de retener durante mucho tiempo en la memoria –cubierta por la nube del alcohol- acontecimientos importantes.

lunes, octubre 17, 2005

CAITE CADAVER

pues esto viene del blog del amargado y del de tank girl... y se supone que es el final ¿no?, buenO, pues ahí les va...


FIN.

lunes, septiembre 26, 2005

CRÓNICAS MICHOLAS IV

(una historia de desamor)

Fue tal el desasosiego y la desesperación de Wilfredo, que en un arranque de ira arrojó a la basura la totalidad de nuestros planes. En primer lugar decidió que yo me mudaría a Pamal Navil con el resto de la banda, lo cual significaba que ya no iba a compartir catre con desconocidas… mmm… bueno, todo sea por estar con la banda. Hasta ahí no estaba tan mal el pedo y empezamos a ponernos de acuerdo en quien iba a llevar la mota y cosas por el estilo. Nuevamente, cuando ya estábamos listos otra vez, Güili se dio cuenta de la hermosa relación que llevaban la Pulga y Normita, llena de pedos en la cara y malos olores, por lo que recordó al Can que otrora fuera dueño de su corazón y que perfumara con sudor el romántico ambiente que lo rodeaba. Así que nuevamente descargó frustraciones sobre nosotros y decidió terminar para siempre con esa unión, mandando a Norma a San Jerónimo Tulijá, “a dos horas de camino de nosotros”… ja!

Mita –como también le llamamos de cariño a Norma- argumentó que el haber conseguido que su Universidad le validara el viaje como servicio social había sido una tarea titánica, pero a eso Güili le valió sorbete, sólo importaba la oscuridad que albergaba su corazón roto y desgajado por la deserción del único con el que veía posibilidades románticas en la banda, -además sí vas a hacer el viaje, sólo que en otra comunidad, con más niñas como tú- fueron las palabras del hambriento lobo. –Hijo de puta!!!- fue el pensamiento de Norma.

Nuevamente tratamos de solucionar el pedo diciendo que el Abuelo, la Pulga y yo éramos comunicólogos y que no podíamos dar ningún tipo de clase que involucrara números, y en cambio Mita era administradora, y podía cubrir esas necesidades, por lo que podíamos seguir con el plan original y ella ir a Pamal Navil y yo a San Jerónimo Tulijá, -no se preocupen, ustedes no van a dar ninguna clase que involucre números, sólo las que tengan posibilidades de preparar- fueron las palabras del hambriento lobo. –Hijo de puta!!!- fue el pensamiento nuestro.

Norma, ya con lágrimas en los ojos, imploró piedad al hambriento lobo, explicando que de ninguna manera sus padres darían el consentimiento para que viajara en esas condiciones si no era bajo la custodia de su principito azul, -¡piedad¡, ¡piedad hambriento lobo!, snif, snif- rogó la princesa. –JA JA JA JA- rió el hambriento lobo. –Mi felicidad depende de ello hambriento lobo, ¡ten piedad!, ¡por tu madre!- siguió la princesa. –¡Yo no tengo madre!- rugió el hambriento lobo. –¡Ups!, ya la cagué- pensó la princesa, -si no voy con mi diminuto príncipe no podré ir a ningún lado- finalizó la princesa. –Pues entonces no vayas- ladró el hambriento lobo. –Hijo de puta!!!- fue el pensamiento de la banda.

Y es así como Norma P. abortó la misión, y sólo quedaron tres necios aventureros para emprender un viaje que podría no tener retorno… Todo por el corazón roto de un hambriento lobo… (y puto).

(continuará…***)

Nota: los datos mencionados en este relato pueden variar en exactitud debido a mi cada vez más más más más corta capacidad de retener durante mucho tiempo en la memoria –cubierta por la nube del alcohol- acontecimientos importantes (el hambriento lobo podría no haber existido como tal y ser únicamente una metáfora creada en la retorcida imaginación del autor).

CRÓNICAS MICHOLAS III

Estábamos a punto de irnos, yo ya había resuelto mi descanso burocrático con una bonita licencia (sin goce de sueldo, ni modosss), la manutención periódica por parte de mis padres (a los que no había pedido un varo desde el 99, cuando se gastaron todo en mí para meterme a una clínica de rehabilitación y que valió pa pura madre por que me escapé y Diosito me castigó volviéndome burócrata, como a los niños de circo de feria que se convierten en víboras o ratas y cosas así -¿ya saben?-, por no comerse toda la sopa o desobedecer a sus papás. A mí me tocó la burocracia***), me había comprado maleta nueva, botas anticrotálicas (si te muerde una víbora se la pela) y no se cuanta madre más, ya hasta la mamá del Abuelo (la Bisabuela Bandosa) nos había comprado un suero antimordida de Nauyaca, especie de serpiente oriunda de la región de Chiapas que visitaríamos y que es considerada una de las tres más venenosas del mundo… ¡Qué bonito! ¿No? Llevábamos linternas, sartenes, cubiertos, brújula, sombrero, pilas, navaja, impermeable, cuchillo, huaraches, no mames… parece exagerado, pero de haber sabido desde el principio a que nos enfrentábamos me hubiera llevado hasta una muñeca inflable. Pero bueno, el pedo es que Normita, Cotardo, el Diablito y Toñito se iban a una comunidad llamada Pamal Navil, supuestamente unas dos horas adelante de la que iba a visitar yo junto a unas “chavas” de Puebla, otras de la UAM y un forever de la Higuero, ésta era llamada San Jerónimo Tulijá, el plan estaba increíble, por que además creo que yo era el único que no tenía pedos con estar separado del resto, y menos cuando podría “conocer” gente nueva y así –¿ya saben?- y ver a la banda los fines de semana, al cabo sólo íbamos a estar a dos horas de camino…
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En serio que éramos unos inocentes cervatillos bajo el asecho de un malvado lobo hambriento y puto llamado Wilfredo (con ese nombre y esa jeta yo también estaría resentido con todos los seres humanos de este planeta), pero como ya les había dicho antes: todo por partes.

Ahhh!!!, ¡Qué felicidad!, tan sólo un mes para nuestra partida, cuando el perrito decidió que se le fruncía el cicirisco y optó por no ir… ¡¡¡QUÉ UUUUUTOOOO!!! Ah!, no no no no no no, se me había olvidado, se quedó por que pasaba por un momento crucial en su carrera como hartista (sí, con “h”) y no podía desperdiciar la oportunidad que la vida y su talento le brindaban… eso fue.

Mucho trabajo nos costó recuperarnos de esta pérdida, pero más a Wilfredo, quien era nuestro “guía” –o algo así- de servicio social, y el que organizaba todo el pedo y supuestamente nos dio toda la información necesaria para que nuestro viaje resultara placentero. Fue ahí donde nos dimos cuenta de que Güili (como cariñosamente lo llamaban todos sus amiguitos), sufría de un doloroso mal en su corazón: estaba enamorado de Cotardo…

(continuará… una historia de desamor)

Nota: los datos mencionados en este relato pueden variar en exactitud debido a mi cada vez más más más corta capacidad de retener durante mucho tiempo en la memoria –cubierta por la nube del alcohol- acontecimientos importantes.

viernes, septiembre 23, 2005

CRÓNICAS MICHOLAS II

Como les iba diciendo, el Abuelo Bandosa y yo estábamos con un pié en el agua salada del mar del Pacífico oaxaqueño y con emoción se lo presumimos a toda nuestra faltosa banda, por lo que otros más decidieron apuntarse. Ya no recuerdo con exactitud quienes fueron todos los UTOS que dijeron que compartirían momentos de no tan sana diversión con nosotros en Zipolite, pero sí puedo mencionar al ahora perro amarillo (Cotardo), a la Pulga (entonces simplemente “diablito de pastorela”) y a Norma, ya que recuerdo muy bien como ellos junto con el Abuelo iban a estar juntos en una comunidad distinta a la mía, pero bueno, todo por partes. El chiste es que nuestra decepción fue grande cuando descubrimos que sólo había una plaza para Zipolite, nuestros sueños se vieron mermados por la estúpida austeridad de necesidades del hogar de rehabilitación física en el que trabajaríamos, al menos de comunicólogos, por que con eso de que únicamente servimos para agarrar una camarita y grabar pendejadas –mmm… pensándolo bien creo que sí, aunque no todos sabemos agarrar “bien” una camarita-, pues no necesitaban más, y resulta que TOOODOS los que estábamos dispuestos a ir somos comunicólogos… chale! Lo bueno fue que el no tan simpático pendejete que estaba encargado de esta modalidad de servicio nos dio otras opciones, y la única que se acercaba a nuestro deseo de ir TOOODA la banda junta fue Chiapas. Aquél mágico estado al sur de la RÉ pública mexicana, lleno de forevers y de forevars, fiesta y zapatistas, fue la opción elegida, por que al menos yo no me iba a quedar con los brazos cruzados después de que me había decidido a abandonar por fin –al menos por un tiempo- mi asquerosa vida de burócrata y lanzarme a la aventura como cualquier hijo de papi, que con tal de que deje de estar chingando, recibe financiamiento para drogarse por su cuenta y no tener que perder el tiempo en idioteces como siquiatras o pendejadas de esas –creanme, ya lo intenté y vale pa pura madre-. ¡No!, no lo iba a permitir, por lo que junto con el gordito faltoso, el diablito de pastorela, Normita y el perrito, nos apuntamos a aquel tour mágico y misterioso…

(continuará…)

Nota: los datos mencionados en este relato pueden variar en exactitud debido a mi cada vez más más corta capacidad de retener durante mucho tiempo en la memoria –cubierta por la nube del alcohol- acontecimientos importantes.

miércoles, septiembre 21, 2005

CRÓNICAS MICHOLAS

Pues bien, mis queridísimos lectores, he aquí las reconocidas y aclamadas Crónicas Micholas. Relatos de las aventuras de tres jóvenes estudiantes que decidieron adentrarse en la paradisíaca y escabrosa selva Lacachonda, para quesque dar clases y ayudar a los menos afortunados, lo que no sabían es que los menos afortunados eran ellos…

Todo empezó unas vacaciones en que un servidor se encontraba forevereando en las maravillosas playas de Oaxaca, y después de un tour por Puerto Escondido, decidí viajar en compañía de otro forever a Zipolite. En ese lugar conocí a dos amiguitas que resultó estaban haciendo su servicio social ahí… sí… servicio social en Zipolite, ¿A poco no suena increíble?, Total que después de atizar a más no poder mi conciencia, de foreverear hasta el cansancio y de haber escapado de unos amigables policías federales*** –hijos de puta!!!-, viajé hasta el legendario puerto de Acapulques (hermosa playa que alberga puras “niñas súper así” y a Luis Miguel. A la banda de Caleta mejor la tratamos de olvidar ¿Va?) a visitar a mi amigo Toñito (mejor conocido como el Abuelo Bandosa o “ese gordito que me caga”) a recibir cobijo y alimento después de la desfalcada que me metieron esos dizque “guardianes de la ley y el orden” –hijos de puta!!!-. Ya descansando en la alberquita segura y libre de cualquier tipo de alimaña con placa –hijos de puta!!!-, relaté mis experiencias a mi cooaate y logré despertar su interés en el suicidio, ya que al hacer algo parecido a lo de las amiguitas antes mencionadas, seguramente encontraríamos dos opciones: la iluminación (como San José José); o una muerte inminente.

El tiempo pasó, regresé apenas vivo a la Ciudad de México y casi olvidé el asunto, hasta que un día, tomando apaciblemente una clase de SABER kú, recibí un mensaje de mi gordito y cagante amigo: “Nos vemos inmediatamente en “no se que pasillo”, tengo una noticia increíble” o algo así. Entonces salí del salón de mi seguramente “clase de la verga” y encontré RISE y RISE al Abuelo, sin poder contener una expresión de felicidad al no poder creer la noticia que estaba a punto de darme: “¿Qué crees güey?, vi lo del servicio social a Zipolite y está poca madre!!!, sólo nos tenemos que apuntar en una lista y ya estuvo”. Así que invadido por la excitación de no poder creer algo tan chingón, corrimos al módulo de servicio social a pedir toda la información posible, y después de buscar en el archivo de mi memoria la manera de dejar de trabajar por un tiempo sin perder la plaza, decidí que me valía madres y que me iba a ir a la playita a foreverear como todo un surfer vendedor de pulseritas a como dé lugar…

(continuará…)

Nota: los datos mencionados en este relato pueden variar en exactitud debido a mi cada vez más corta capacidad de retener durante mucho tiempo en la memoria –cubierta por la nube del alcohol- acontecimientos importantes.